Argumento

Marina es una chica soñadora que se enamora de su mejor amigo. A medida que se conocen, descubren que comparten el amor por la música, y querrán cumplir sus sueños. ¿Logrará entonces contar Marina lo que siente por Adrián? ¿Qué obstáculos se interpondrán en su camino?
Descúbrelo poco a poco aquí, en elvientonossusurra.blogspot.com

domingo, 2 de octubre de 2011

Una facultad vacía llena de gente.

Marina se aventuró a entrar por la puerta de su facultad, aún sabiendo con certeza que tras ellas se escondería uno de sus mayores retos para ese día: hablar con Adrián y darle una explicación, o al menos, que él tuviera alguna excusa por la que no la pudo contestar ayer.

Sentía miedo, rabia, duda... pero sobre todo, amor; el más grande que nadie haya llegado a sentir por lo que es y sería para siempre, tan sólo un amigo. Mientras empujaba la puerta lentamente y respiraba al mismo ritmo, su corazón se desbocaba por completo y notaba cómo tenía un nudo hecho en el estómago... la puerta se siguió abriendo y...
No estaba. Miró a su alrededor, volvió la vista hacia aquel rincón donde se veían cada mañana a la misma hora, y hoy Marina llegaba 3 minutos tarde. Él siempre había sido puntual, siempre había estado allí con una sonrisa amistosa que dejaba a Marina sin aliento, la misma que la ayudaba a coger fuerzas para cada mañana.
Pero hoy... hoy no estaba.

Allí, habían dos chicas riendo mientras compartían sonrisas cómplices, seguramente cotilleando sobre qué había pasado el fin de semana, con cuántos chicos habían ligado, y lo mal vestida que iba alguna chica de l que tuvieran envidia, cosa que ninguna de las dos dejaba a relucir.
Marina, por su parte, agachó la cabeza, y decepcionada, soltó la puerta y suspiró, encaminándose hacia la primera clase de la mañana.
No había ido a clase... esa era la sentencia que atormentó a Marina durante toda la mañana.

-¿Te pasa algo? - le preguntó Andrea, su mejor amiga.

Andrea era una chica preciosa, la típica rubia despampanante, con un busto generoso y cuerpo de revista. Tenía los ojos azules, la nariz perfilada, labios carnosos y una piel perfecta. Un rasgo que la hacía inconfundible era su increíble pelo ondulado perfectamente, cuidado para un anuncio. Solía arreglarse siempre, Se maquillaba los labios de color fucsia e iba con tacones a clase, cosa que a Marina le parecía un poco tonto, ya que tenía una buena estatura. Llevaba una camisa de botones con un escote impresionante que dejaba ver un lunar que tenía en el pecho izquierdo. "A los chicos les resulta muy sexy" solía decir. Llevaba una falda alta y ajustada que estilizaban unas curvas de escándalo, en la que muchos hombres resbalaban sus ojos, y muy pocos, sus manos.

- No me pasa nada, Andre... en serio. -
- ¡Anda que no te pasa nada! No has probado bocado, ¡con lo glotona que tú eres! - y rió.
- Es que hoy no me apetece nada, desayuné bastante... -
- ¿Y esa voz quebrada? -

A Marina le incomodaba que a su amiga no se le escapase ni una, y que se pusiera "pesada" hasta descubrir qué ocultaba.
"Tal vez es que yo sea un libro abierto, y no sea capaz maquillar una sonrisa... Pero por esta vez lo intentaré", pensó.

- ¿Qué voz quebrada? Ay, Andre, eres una pesadita cuando quieres eh - esbozó una sonrisa falsa, que ni ella misma se creyó, lo que la hizo reírse de verdad por sentirse tan estúpida.
- Vale, está bien - dijo su amiga resignándose. - Me voy a clase.

Le dio un beso en la mejilla y se encaminó entre miradas de chicas envidiosas, y de chicos babeando por un cuerpo prohibido para ellos.
Marina también la miraba, orgullosa de tener una amiga tan perfecta. La quería muchísimo, y sentía mentirle de esa manera.

Nadie puede saber lo de Adri... murmuró su inconsciente. Mírate y observa tu alrededor, hay mucha más gente en la facultad, y aún más ahí fuera...

Pero para Marina el mundo estaba vacío si no contaba con la presencia del que ocupaba toda su atención.

miércoles, 5 de enero de 2011

Y más dudas con mermelada.

¿Por qué si no podía dormir no me contestó? ¿Le habrá molestado algo de lo que le dije?...

En la mente de Marina rondaban miles de dudas, y en torno a sus ojos, unas enormes ojeras por no haber podido dormir. Seguía tomándose el desayuno sola en su piso.

Y es que aún no os he contado nada de Marina...

Marina tiene el cabello castaño claro, y sus ojos son del mismo color, pero con un extraño brillo al parpadear. De raza albina, tiene una extraña dulzura al sonreír cuando se le achinan los ojos, y parece aún más pequeña de lo que es. La miraban por la calle cuando iba arreglada, mas si iba sin maquillaje pasaba por una del montón, con alguna que otra excepción. A sus 18 años vive sola en una casa de alquiler porque consiguió una beca para estudiar periodismo, y la universidad quedaba muy lejos de casa. A punto de terminar el primer año con notas excelentes, su vida da un giro completo por un chico que conoce en la facultad que se llama Adrián, que estudia también periodismo, pero un año más que Marina.
Marina se fascina por la música, toca el piano y un poco la guitarra, lo que más domina es su voz., y lo que menos, el temor al escenario.

¿Pero qué le he hecho? ¿Dije algo malo?

Marina releyó el mensaje que mandó cientos y cientos de veces. Nada, no encontraba nada.

Suspiró con preocupación, y huntó más mermelada en su tostada.

Mensajes a las tantas.

La obra Claro de Luna de Beethoveen despierta a Marina entre una oscuridad inmensa: era un mensaje que acababa de llegar a su móvil. Bostezó una vez, y con los ojos casi cerrados buscó a tientas el interruptor de la luz. La encendió, se frotó los ojos y se sentó en la cama. Cogió el móvil, era un mensaje de Adri.

Hola preciosa! Perdona x dspertart a stas horas, soy un desastre! No es nada imxtant, solo xa dcirt q m encanta q seams amigos, y m gusta muxo star cntigo. NO PUEDO DORMIR!!!! Un bsito:)

Sonrió. ¿Eso significaba algo? Puede que sí o puede que no; pero a veces es mejor soñar y tener ilusiones que ser un pesimista. Y esta era una de esas veces. Marina lucharía por él, pero aún, no diría nada. Le contestó:

Hola Adri! Sii, menudas horas para mandar mensajes tienes, pero no imxta, ya t dije 1 vez q aqi staba xa todo, y a cualqier hora. Te stas convirtiendo en alguien + special d lo q creia..

"A ver si con indirectas se da cuenta, y me ahorro la vergüenza que me da tener que decírselo..." pensó Marina.

Después del mensaje le preocupó mucho lo que pensara Adri, y más aún cuando vio que las horas pasaban sin que él la contestara, y sin que ella pudiera conciliar el sueño.

martes, 4 de enero de 2011

Sentimientos, secretos y acordes.

Esa tarde Marina volvió a casa más contenta que de costumbre, dando saltitos y silbando el estribillo de una canción poco conocida. A pesar de su inmensa alegría, prefirió encerrarse en su cuarto y acostarse en su cama, reflexionando sobre lo que había pasado aquel día. Era evidente que ella estaba enamorada de Adri, pero ¿él de ella? La verdad es que no se atrevía a preguntarle. Prefería que sólo fueran amigos y que él la quisiera seguir viendo. Asi era mejor, y ella era feliz sabiendo que al menos era una amiga para él.

Marina escondía muchos secretos en su habitación: los pensamientos que la rodeaban, en los que siempre aparecía un nombre, y los acordes que salían de su piano mientras componía canciones que ella misma cantaba.

"Son dos cosas que nadie sabrá de mí" dijo esbozando una sonrisa, y no supo si era felicidad o conformidad lo que sentía.

No le dio importancia, así que saltó de la cama al suelo, y se sentó en el piano. Le apetecía algo melancólico, así que comenzó con acordes en Re menor...

Espero que algún día veas lo que puedo sentir, y que de tu voz salga lo que quiero oír...

Y siguió cantando, cambiando pareados, añadiendo séptimas a los acordes de dominante...
y queriendo decir lo que sentía.

lunes, 3 de enero de 2011

Atardecer acompañado.

No es difícil adivinar por qué Marina se encontraba en aquel lugar. Una puesta de sol intensa, colores cálidos, una suave brisa de verano y una compañía perfecta.
Por un momento se evadió de lo que la rodeaba y se concentró en sus pensamientos, en recuerdos sobre lo que había acontecido en su vida los últimos tres meses, recuerdos que jamás se borrarían de su mente.
Tomó un sorbo más de café.
- ¿Te has dado cuenta de todo lo que hemos vivido, en tan sólo tres meses? - preguntó él.
- Ahora mismo lo recordaba.
Los dos sonrieron al mismo tiempo, como dos notas diferentes que se vuelven unísono.
Marina no sabía muy bien si un te quiero faltaba o sobraba, y optó por no decir nada: sólo cogió la taza con las dos manos y bebió un poco más del café caliente, a la vez que lo miraba fijamente a los ojos. Apartó la taza de sus labios.
- ¡Qué payasa eres! - dijo él, riéndose dulcemente.
- ¿Qué pasa? -
- Pues que la señorita que tengo enfrente tiene un enorme bigote blanco. -
- ¡Ups! - dijo, y se relamió el labio superior esbozando una pequeña sonrisa.
- Espera que te limpio. - se acercó y pasó muy suavemente una servilleta por la comisura de los labios de Marina, contorneando el dibujo del labio superior. - creo que ya está.
No se apartó de ella, y ella tampoco de él. A dos centímetros que estaban el uno del otro, se rieron.
Y se separaron.
Al fin y al cabo, no eran más que dos buenos amigos.