Esa tarde Marina volvió a casa más contenta que de costumbre, dando saltitos y silbando el estribillo de una canción poco conocida. A pesar de su inmensa alegría, prefirió encerrarse en su cuarto y acostarse en su cama, reflexionando sobre lo que había pasado aquel día. Era evidente que ella estaba enamorada de Adri, pero ¿él de ella? La verdad es que no se atrevía a preguntarle. Prefería que sólo fueran amigos y que él la quisiera seguir viendo. Asi era mejor, y ella era feliz sabiendo que al menos era una amiga para él.
Marina escondía muchos secretos en su habitación: los pensamientos que la rodeaban, en los que siempre aparecía un nombre, y los acordes que salían de su piano mientras componía canciones que ella misma cantaba.
"Son dos cosas que nadie sabrá de mí" dijo esbozando una sonrisa, y no supo si era felicidad o conformidad lo que sentía.
No le dio importancia, así que saltó de la cama al suelo, y se sentó en el piano. Le apetecía algo melancólico, así que comenzó con acordes en Re menor...
Espero que algún día veas lo que puedo sentir, y que de tu voz salga lo que quiero oír...
Y siguió cantando, cambiando pareados, añadiendo séptimas a los acordes de dominante...
y queriendo decir lo que sentía.
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